Vacaciones y vacunaciones

Por Pablo Miguel Román Osorio

REC 10 Cuentos

Cuando vi el camión del Ministerio de salud entrar al colegio, y recordé que ese mismo día había sesión de vacunación, ingenié un plan en dos segundos. Perfectamente ecuánime, seguí fingiendo atención. Tomé notas aquí y allá, en las frases que el profesor investía con importancia al golpear el marcador contra el tablero. Nadie, ni Rafa, habría podido adivinarlo.

Profesor, dije, pero si Simón Bolívar era enemigo de Santander, y además era de más rango que Santander, ¿Por qué hay dos departamentos que se llaman Santander y sólo uno que se llama Bolívar?

El mundo completo quedó en vilo. Funcionó. El profesor no podía decidir si una pregunta tan elaborada, que evidenciaba tanto atención como un conocimiento geográfico perspicaz, era sincera o una estafa.

Excelente pregunta… Norte de Santander, capital Cúcuta y Santander, capital Bucaramanga, y Bolívar, ¿capital…? Sostuve la respiración.

¡Cartagena!, dijeron todos a una voz.

Exhalé. Había pensado que me estaba preguntando a mí. El profesor continuó:

Efectivamente, Santander es epónimo de dos departamentos y Bolívar de sólo uno. Pero, dígame, ¿Cuál es el nombre de nuestro continente?

Latinoamérica, dije.

América, el continente es América. Pero, ¿Cuál es el nombre de nuestro

país?

Qué idiotez. Colombia.

Colombia.

Colombia, y ¿Por qué se llama así?

Voltearme el cañón, muy bonito. Lo único que no me había esperado. Pero no podía sucumbir, tenía que recordar. O en su defecto, hacer tiempo para que alguien más respondiera. Como Rafa, que no se puede aguantar dejar responder las que se sabe. Rafa:

Por Cristóbal Colón: Colón, Colombia.

Eso. Y ahora, ¿Por qué América se llama América?

Esto se estaba saliendo de control. Este no era el plan. Alguien respondió: por Américo Vespushi. Y ahí el profesor jaló el gatillo, me preguntó:

Entonces, Esteban, ¿Si Colón descubrió el Nuevo Mundo, por qué éste no se llama Colombia, sino América?

Tuve la leve noción de que su pregunta era similar a la mía. Pero no pude pensar más allá porque sentí una especie de orgullo al caer en la cuenta de que mi país era el único que llevaba el nombre de quien descubrió el continente. Hice un rápido recuento mental y sí, Colombia era la única, la única patria nombrada en honor al Almirante. Pero Américo Vespushi, ¿Qué había hecho él? Ahora necesitaba otro imprevisto, para salir de la trampa en la que me había metido. La medicina fue peor que el mal, y ahora sí que necesitaba la medicina.

Ay!, ¿Hoy no era vacunación?

El profesor se sobresaltó (siempre se le olvidaban este tipo de cosas). En ese momento los niños tenían que estar alistando sus carnés de vacunación, el permiso de los padres y los formularios requeridos por el Ministerio, de manera que durante el recreo fueran vacunados. Yo había querido mantener al profesor por un sendero seguro, olvidadizo de los preparativos de la vacunación, que yo tenía penosamente claros por haber intentado sabotear cada uno. Pero no pensé que él me fuera a devolver la pregunta, sino que, como siempre, se iba explayar en referencias y anécdotas hasta el final de la clase.

Entonces el profesor dijo:

Mjmm, la de la hepatitis duele mucho.