Sagrado Satán

Por David Peláez

REC 8

De todo aquel que se las da de pensante no resulta extraña la pretensión de que, en el caso distópico en el que su visión del mundo gobernara a los otros individuos de la sociedad, el resultado sería maravilloso. Es el convencimiento básico de muchas posturas políticas: tener las bases ideológicas para lograr que todo sea mejor.

Ideología es un término amplio, usualmente visto como unidimensional cuando en realidad es la mezcla de muchos planos. Lo anterior no es más que una idea robada y lógica que nace de verse a sí mismo y entender que uno no está definido sólo como liberal o conservador. Sino, más bien, por una lista donde se unen adjetivos y ámbitos: liberal económico, conservador social, etc. Por eso, aclaro que hablo de ideología social: de la que se refiere a los derechos civiles, las libertades individuales y las potestades estatales.

En la dimensión social de la ideología sólo existen dos polos: liberales y conservadores. Quien hable de centro muy posiblemente no ha considerado, o no es capaz de entender, el ejemplo simple de afirmar que, quien pudiendo votar en unas elecciones, no vota, ha votado silenciosamente por quien gane, apóyelo o no. Hablar socialmente de ser de centro es una barbaridad para definir partidos políticos incapaces de describir su ejercicio de la política y misteriosamente en favor de la prostitución del clientelismo estratégico.

Y frente al convencimiento ideológico es común sentir rabia por todos los actos que contradicen esa receta maravillosa que el convencido porta. El sufrimiento no es raro y, en pocos casos, ajeno a la convicción sobre cómo debería ser una sociedad. Lo interesante es la magnitud del sufrimiento según la ideología.

No sufre igual la puta que el cura. No sufre igual el maricón follante que el prescriptivo padre de familia. La diferencia central nace del hecho de cómo quiere cada uno de los dos polos sociales regular la sociedad. El conservador quiere modelar el comportamiento de los otros y definir cómo opera la sociedad mediante la negación y la descripción por extensión de las conductas, tanto de las aceptadas como de las que no. El liberal es infinitamente más pulcro: define pocas negaciones y describe aquello válido en la sociedad por comprensión.

Y de lo anterior no deriva sino una idea sencilla que hace mucho tiempo tengo en la cabeza: que el sufrimiento del mundo es en gran medida sostenido por los conservadores. La ideología conservadora social es una fuente de dolor que pareciera no tener fin. Por suerte, lo poco práctico de sus métodos parece ir afectando, día tras día, la capacidad del oscuro receptáculo conservador para satisfacer a la clientela. Y en un mundo de personas de centro, para no usar algo más insultante, el resultado suele ser la tendencia hacia la permisividad liberal por comodidad o como suculenta herramienta que hiere a los conservadores que causan dolor en la vida de cada persona. En un mundo de derecha, la mediocridad del centro parece generar un beneficio cercano a la gloria.

La gloria crece en escala cuando los liberales conscientes, bajo la innegable probabilidad de que la liberalidad social lleva las de ganar, son capaces de inducir sufrimiento en sus oscuros opositores de la más civilizada de las maneras. Es un acto de crueldad que se legitima con cada unidad de injusticia parida por el conservadurismo y el liberalismo falso. Es un acto donde se ataca gracias a los medios mismos del contrincante. Es fácil generar dolor en el conservador, es una pequeña y dulce venganza análoga al caso donde el ahorcado se queja por la presión que induce su soga. El acto de crueldad no es más que el ejercicio o reconocimiento de cualquiera de las negaciones prescritas por el chamán conservador: la desnudez, la aceptación abierta de la promiscuidad y el consumo de drogas o cualquier otra maravillosa pieza de evidencia de ¨la sociedad en decadencia. El conservador gime ante cada uno de esos actos, es una crueldad de la cual él mismo se puede salvar, tal y como el ahorcado, mas se rehúsa. El conservador insiste en no recibir tirones en su fijación con los amarrones.

Me podrán decir loco. Yo lo encuentro poético y racional. Justo para usar un eufemismo que no alcanza a describir la gloria de generar caos en el cosmos conservador, y actuar cual vándalo responsable ayudando a rajar el contenedor de sus seguidores. Y mejor que sólo usar los hechos que ya perturban a los conservadores es crearlos en lenguajes de cualquier forma. Sagrado Satán es una de esas creaciones, es simplemente la blasfemia como entretenimiento. Toma gran coraje ejercer la crueldad anticonservadora a manera de diversión,pero vale la pena y, mejor aún, genera resultados. No hay mejor activismo y mejor método de cambio que ser, reconocer y decir la forma en que se vive y las creencias que lo rigen.

Por la defensa de definir la sociedad y sus valores por comprensión, y no por extensión, Sagrado Satán.

Publíquese y cúmplase.