Pensar en el Lector y en alguien más…

Por Camilo Vivas

REC 1 Ensayos

Una frase: hay que pensar en el lector porque fue una afirmación interesante a lo largo de todo el curso Publicaciones Artísticas, una frase que medió la lectura y canalizó los aportes y las visiones que los asistentes a la clase tenían y tuvieron acerca de su posición de lectores informados que querían escribir. No sé a qué se refería realmente el atento profesor de esta clase cuando sesión a sesión la usaba como médula de su discurso. Sin embargo, su utilidad era casi evidente a partir de todos los ejemplos que citaba, las preguntas que se presentaban y las dudas que generaba. Quiero seguir creyendo que es importante y quiero lograr refutar un poco esta afirmación. Estoy casi seguro que usted como lector –sea quien sea- estará pensándose a si mismo a través de tal afirmación, al igual que yo lo hice durante todo el tiempo que duró tal curso. La refutación que quiero hacer está dirigida a usted querido lector. ¿Por qué hacia mí? se estará preguntando… Pues bien, el asunto es el siguiente:

¿Cuantas veces ha participado de una conversación, crítica o discusión sólo por el simple gusto de participar?,

¿Cuántas de esas veces realmente tenía idea de lo que se estaba afirmando y de lo que usted presentaba como argumento?, y finalmente ¿Cuántas de esas veces tenía usted la información necesaria o básica para siquiera entender las afirmaciones de los otros?

Bueno, las anteriores son preguntas que yo también me hago y me he hecho cada vez que entablo una conversación, crítica o discusión con alguien sobre cualquier tema.

Tal vez sea cultural –no lo puedo afirmar- pero por alguna razón la gente se siente con autoridad para hablar, discutir o criticar cualquier tema, persona o idea… Esto no es ilegítimo y no está mal, ya que no es en términos morales en los que quiero que usted reflexione. Es más bien una característica, una particularidad, una forma de hacer y proceder que tiene consecuencias que podrían hacer que la conversación, discusión o crítica cambien.

Entonces, ¿qué es lo que se está intentando cuestionar en este escrito? Es casi obvio que la gente tiene muchas ideas preconcebidas, prejuicios y otros tantos “pres“, que involuntariamente aplica en su vida, y mucho más a la hora de emitir juicios de valor… Pero, ¿será esto totalmente inevitable, incontrolable y de alguna manera necesario?

Bueno la verdad es que hoy tuve una conversación con un amigo mío, el medio fue un chat de correo electrónico, lo cual permitía que yo reflexionara mucho antes de escribir, tal vez porque hay que pensar en el lector, consideración que se me ha vuelto una manía un poco inevitable, incontrolable y de alguna manera necesaria. En tal conversación hice las siguientes afirmaciones:

Yo siempre he hecho cosas para los demás, me he dado cuenta que cuando uno hace para uno también hace para otros, el problema es de estrategia… Que la gente quiera conectarse con lo de uno y tomarlo personal….Si no es así pues entonces la gente es la que está mal 1… no uno 2 (…) Es que la gente siempre quiere que le digan qué mirar, cómo y porqué, yo no lo hago3, entonces me dicen que me falta claridad y que es difícil de leer…4 (…) Pero el problema no es mío… Es de la gente que no es capaz de tomarse personal 5 lo que ve o lo que percibe… Por eso es la inconciencia social… Porque información hay, pero a la gente le vale huevo 6… Sino pues piense en los noticieros. Y ¿Qué pasa después de que la gente los ve?… (…) Porque además es un poco la conclusión a la que llegué este semestre… (…) Usted es mi amigo 7

Después de todo esto, ¿será necesario hacer tantas aclaraciones?, ¿tendrá uno que dar tantas pistas y pautas de lectura dentro de cada escrito? O ¿es posible que haya un lector atento, suficientemente desprevenido y gustoso de verse afectado por la lectura hasta el punto en que el escritor no tenga que guiarlo todo el tiempo a su propia tesis o lectura personal del mismo?

Yo creo que no he perdido el por qué infantil, ese que cansa a los padres, ese que se repite sin cesar buscando una explicación de todo. Tampoco he perdido ese cómo funcionará también propio de los niños cuando resuelven por sí mismos experimentar y darse cuenta de que el fuego quema y de que la fuerza de la gravedad existe… Pero, ¿será esto suficiente para que cuando aborde una lectura pueda yo tener un juicio –o varios- coherentes, estructurados y “maduros” con respecto a esta? No lo sé, solo sé que cuando me enfrento a un texto y siento que el escritor me dejó todas las migajas de pan regadas camino a él durante el bosque, me molesto y empiezo a pensar que es posible que tal escritor me considere un estúpido, un sin brújula o un perdido que debe ser rescatado… ¿Por qué tal molestia?, ¿No es apenas natural que el escritor sepa manejar todas las herramientas escolásticas, retóricas y hasta demagógicas con las que cuente para lograr hacer que yo piense eso o esas cosas que el quería brindarme? Es un poco extraño intentar responder este par de preguntas, tal vez la respuesta está en Nietzsche cuando “reclama un lector que no sea solamente cuidadoso, “rumiante”, capaz de interpretar, sino también capaz de permitir que el texto lo afecte en su ser mismo, le hable de aquello que pugna por hacerse reconocer aún a riesgo de transformarlo; un lector que si bien teme morir y nacer en la lectura, se deja encantar por el gusto de esa aventura y de ese peligro”*, pero pienso también que entonces es necesario dejar de mirar la paja que hay en el escrito ajeno o posición contraria a la propia o visión del mundo diferente a la personal y mejor mirar la viga que hay en su ojo –y en el propio-, no obviarla, ni rechazarla, mucho menos pensar entonces que se comprende enteramente.

Por ende, es más adecuado informarse, dejar de dar por sentado y de pretender que uno por alguna razón y en consecuencia de ella puede participar de la conversación, discusión o crítica, hacerse la vista gorda, obviar tales falencias personales y dejarse llevar por el simple gusto que realmente sólo devela falta de argumentos, incontrolabilidad de prejuicios y de ideas y conceptos preconcebidos.

De nuevo voy a pensar en el lector e intentaré concluir, aunque esto vaya casi en contra de todas las preguntas y postulados que he realizado y que pretendo que queden en la mente del lector. Para esto quiero decir que hay que pensar en el lector y en alguien más: El escritor, pero no de la manera en que un psicólogo lo haría; intentando descifrar la personalidad de este a través de su obra, o intentando atar cabos con su vida partiendo de interpretaciones personales que realice con respecto de afirmaciones o dudas basándose en su biografía. Sino pensarlo de una manera más abierta y distante, creo que es pertinente tomarse muy a pecho sus dudas, sus afirmaciones y sus “errores”, no para irse en su contra o para realizar críticas posteriores, sino para entender las reflexiones que éste realiza a través de su obra.

Es necesario entenderlo como un autor que no tiene porqué recurrir a la escolástica, a la retórica o a la demagogia para dejar dudas, ideas o afirmaciones en el escrito hecho para el lector y para él mismo. Diferenciando entre un sacerdote -quien tiene un rol distinto que lo obliga a transmitir “verdades”- y un escritor sincero. Es necesario ponerse en sus zapatos y no esperar más de él de lo que está allí, en su texto, obra, escrito o como se le quiera llamar a lo que hace. Por eso jugué en medio de este escrito con una trascripción explicada de una de mis conversaciones, por eso sólo uso dos referentes directos: Nietzsche y palabras parafraseadas de Jesucristo -según mi intención y el contexto-. Este escrito pretende ser explicativo y guiador, aunque rebatiendo …

 

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Bibliografía

  • Zuleta, Estanislao. Elogio de la dificultad y otros ensayos

  1. Estar mal en este caso apunta al hecho de no querer indagar, querer la información masticada, no querer digerir…No se trata de un juicio moral.

  2. Este uno se refiere a mí, pero se puede aplicar a cualquier autor.

  3. Quise decir que yo no oriento la mirada más de lo que ya induce el medio, los elementos o los materiales que se usen en cada trabajo.

  4. No intento excusar mis errores y fallos que otros han señalado en mis trabajos. Intento con esto dar cuenta de los mismos, hacerlos patentes.

  5. Propio, que le atañe…

  6. Obviamente no a todos, pero en ocasiones todos nosotros hemos sido parte de este grupo de personas por necesidad, obligación o impotencia frente a lo que nos muestran los medios y/o la realidad misma.

  7. También me refiero aquí al lector de este texto sea quien sea. En la medida en que se relaciona conmigo y dentro de sí tiene una disposición suficiente como para aceptar –aunque discrepe- mis posiciones. Eso lo hace un amigo. ¿O no?.