No vaya a ser que no pueda contarle a sus nietos

Por Iván Medellín

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No es difícil ver que existen tendencias en el mundo de la música que logran moldear a las generaciones en muchos aspectos. Si bien algunos encuentran pretencioso vincular todas las manifestaciones sonoras de una generación con alguna alusión en especial, dicha asociación existe por donde se vea. Para poner un ejemplo, remítase a la imagen que se le viene a la mente cuando recuerda la música de los años sesenta. ¿Acaso no piensa en los Beatles, Jimi Hendrix, la psicodelia, la ropa holgada y los minibuses Volkswagen? Y si le preguntaran con qué estilo vincula los ochenta, ¿no pasan por su cabeza los “bicicleteros” pegados, George Michael, Madonna y Michael Jackson, y quizás una que otra melena metalera? Ahora bien, la década entrante no es la excepción. Se puede decir que el 2010 trajo consigo algo más que manifestaciones culturales empujadas por los medios. La creciente demanda de nuevos sonidos que se ajusten a una serie de circunstancias presentes puede ser vista como un afán de independencia. Un afán de construir un referente con el que la gente joven se identifique. Un afán que no sólo vincula música, sino también arte, moda, reuniones sociales y eventos públicos.

Son muchos los sonidos que se asocian con la época actual. Desde los primeros sencillos de Coldplay, pasando por MGMT y Phoenix hasta las últimas producciones de Justice, todo ha evolucionado durante cerca de diez años mezclando rock, pop, punk, folclore, música electrónica e inclusive instrumentaciones no convencionales. Sin embargo, no es sólo la música. Hay algo en todo esto que recuerda a Warhol, al Pop Art y a The Velvet Underground. Si sabe a lo que me refiero encontrará familiar lo siguiente: bigote, relojes de pulsera dorados, lo vintage, las camisas de cuadros, la moda y las botas Dr. Martens que reviven el punk de los setenta, las gafas grandes de marco grueso, las cámaras “lomográficas” con lentes fisheye de plástico colgadas del cuello, los pubs escondidos, los blogs, el Twitter, las fotos de instagram, el recelo de información, la sed de contracorriente y el hambre de creatividad; la música indie, los sintetizadores análogos y los reproductores de cinta conectados de alguna forma a computadores Mac de ultimísima generación. ¿No le suena?

Si esto no es la búsqueda de una identidad a través de una manifestación cultural, entonces, ¿qué es? ¿Existe algo que haga a gran parte de una generación adoptar cierto estilo de vida? Sí y la generación de esta década ya lo adoptó, y buena parte de la culpa se la echaría yo a la música y a la apertura masiva de información.La idiosincrasia es deseosa de seguir las tendencias y aquí eso ya existe, y desde hace rato. Todo esto llegó para quedarse y ya se le hizo su respectiva versión nacional.

Este año se realizarán en Bogotá varios conciertos que congregan los sonidos frescos de los que tanto se habla últimamente. Así que arranque, averigüe y péguese al “parche”. Así sea para saber de lo que se pierde o de lo que se salva. Tal vez le moleste como a mí la pretensión del nuevo intelectual de turno. Aquel que es visto como un individuo divino creado a partir de rezagos del punk, la música electrónica y una que otra cumbia. Malas noticias: estará presente durante mucho rato. Así que no se amargue y que no le coja la noche, no vaya a ser que no pueda contarles a sus nietos que fue hipster.

REComendados para comenzar: Phoenix, MGMT, TV on the Radio, Underworld, Systema Solar, Frente Cumbiero.