Libros por allá, libros por aquí

Por Tahuanty Jacanamijoy

REC 8

Instrucciones:

Leer en voz alta, no detenerse y llegar hasta el final

Libros por allá. Empaques de comida. Me levanté a las cuatro de la tarde. Ropa. Ropa sucia de la semana. El cerebro estaba bloqueando el sol completamente. Los pósters flotando en un espacio muy lejano. Bacon. Normal. Me levanté porque parecían hechos en cobre. Pisé mojado. Miré hacia abajo y sí, la tiza rayaba el tablero de la escuela. Agua al lado de mi cama. ¿De dónde estaban invadiendo fluidos espesos algo? Busqué a ver si había un vaso que fuera a salir volando en cualquier momento. Lo que sí vi fue un libro verde. Eran palos de escoba tendidos sobre una ilustración de una espiral en trapos mojados. Los dedos eran como esperanza de salvarlos pero ya eran unos troncos de sauce viejo. No sé por qué tenía muchas ganas de leerlo. Doblarme no pude. Lo intenté ¡Que las páginas estaban en blanco! Todo mi cuerpo sobre los codos y fue un charco de nuevo. ¡Y ahí estaban! Nada. Su sitio de origen. Sentí como lento, ¿cómo no las vi antes? Pero era hermoso bombear sangre que venía del corazón azul de Strauss. Tenía la primera izquierda en la cara para sentir los movimientos armónicos como fluidos. Era inconfundible. Los huecos, más bien como el vuelo de unos orificios del cutis, seguían en las mismas estrellas: infinitas, diminutas. Pero piel como siempre. Cerré los ojos. El deseo era muy grande. Quise. ¡Normal! Le eché un vistazo al cuarto. Me preparé para un clavado triunfal. Re-largo escritorio de siempre. El aire entraba en mis pulmones que nunca llegaron a la caneca. Me dolía todo el cuerpo en mi cráneo pesado. Las persianas blancas estaban desligadas. Parecía que un planeta desnudo de Freud y un retrato podían sentir los huesos de los brazos completos de la cama. Pero cuando pisé era algo así como el sonido de algo que estaba mojado. Había un charco. ¿Las articulaciones de las manos ¡diablos! provenían de esta agua? ¿Se regó como mocos? Parecía que mis uñas se hubieran caído por algún lado, pero no vi nada ¡Momento! ¡Abajo mis piernas eran La metamorfosis de Kafka! Pero mis pies eran como blancos. Los recogí del piso con la mugre de la calle ¡Mi estómago! Era muy tarde. Estaba muerto. Qué pesar. Hice un terrible esfuerzo. Cuando ojeé el libro me di cuenta de nuevo y esta vez sí lo logré. Reposé. Las letras se habían ido. Miré hacia él. Cuando volví, todos empezaron a tomar como peces en el agua. No ciegamente los músculos empezaban a bailar al ritmo del Danubio amanecido. Me lleve mi brazo puesto para este espectáculo de resistencia. Ahí estaba. Mi cara estaba en la pintura de Jackson Pollock. La nariz estaba donde debía. Las golondrinas. Era como ver bailar al “no lugar”. La aspereza singular de mí, es a la vez hermosa en su inmensidad. Y sentí mis parpados. Todos estaban metiéndose a nadar con ellas así que me parecía estar igual que siempre. Él. Respiré hondo y por primera vez sentí el orden de siempre. Libros por aquí. Cerré los ojos y me lancé al vacío.