Las máscaras no solo asustan

Por Sara Isabel Santa

REC 7 Reseñas

El día 19 de agosto, en el Auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes, el grupo teatral antioqueño Matacandelas llevó a cabo la representación de la obra O marinheiro de Fernando Pessoa, tomando como referencia el texto traducido por Ángel Campos. Esta obra presenta una gran dificultad al ser puesta en escena, ya que es un drama sin acción en el que las voces de tres veladoras, dispuestas alrededor del cadáver de una doncella, se van entretejiendo poéticamente en torno al tema del pasado y del sueño, y terminan por fundirse, haciéndose indistinguibles y revelando así el absurdo de la vida humana.

La propuesta de Matacandelas es muy interesante dado que sigue “al pie de la letra” el estatismo de los personajes que propone Pessoa, pero lo inserta en un juego de luces que actúa paralelamente a las palabras de las veladoras. De este modo, cuando aquellas palabras crean el sueño del marinero, las luces que en un primer momento hacían énfasis en sus rostros parecen desplazarse hacia la escenografía, hecha con ramajes naturales. Esta propuesta es original de Matacandelas ya que la primera acotación de la obra de Pessoa nos introduce en la sala de un castillo. Ese desplazamiento de las luces, a su vez, logra desplazar al espectador hacia la historia del marinero abandonado en una isla. Así, Matacandelas introduce una naturaleza dramática en medio de la inacción.

En la interpretación de la obra de Matacandelas, las veladoras se convierten solo en rostros, sin cuerpo, y más aún en máscaras. Esta propuesta se relaciona muy bien con el texto de Pessoa, ya que en ningún momento caracteriza a las veladoras; estas son tan solo lo que dicen y sus palabras apuntan a esta desrrealización, a confundir el pasado, lo “real” con el “sueño”. Por otro lado, el juego que establecían las luces con los rostros blancos recupera el ambiente de la sala de velación que, como se ha dicho anteriormente, aparece en la acotación de Pessoa mas no en la escenografía de Matacandelas. Aunque no intencionalmente —como pude saber tras entrar a los camerinos para hablar con las actrices—, las luces proyectadas sobre los perfiles de las veladoras pueden sugerir las velas y con ello crear la atmósfera de la sala de velación presente en el texto de Pessoa.

Sin embargo, esta interpretación de las veladoras como máscaras es un arma de doble filo, pues Matacandelas al relacionarlas con el terror y fundir sus palabras con efectos sonoros, que bien podrían acompañar una película de Hitchcock, en algunos momentos aleja la fuerza de las palabras del ámbito de lo humano. Las aleja de la vivencia del absurdo que tenemos en la vida alrededor de problemáticas como el paso del tiempo y la imposibilidad de tener un pasado “real” que no se funda con nuestros deseos, con lo que querríamos que hubiera sido. Por momentos estas reflexiones se convierten tan solo en frases sin sentido o, en términos del director, en “palabras confusas”1, dejando de lado su fuerza expresiva y con ello la capacidad de herir e involucrar al espectador.

La obra en este sentido parece acercarse más a la experiencia de lo macabro que a la de lo onírico, que parecería ser la intención original del director2, como lo afirma en el folleto de la obra. La visión que tienen de las protagonistas de la obra y de Pessoa (pues parten del estudio de la biografía del autor) es la de algo “muy pesado” frente a lo cual es necesario tomar distancia3. En este punto resulta irónico que un grupo teatral que se atenga tan fuertemente a la biografía del autor en la interpretación de sus obras haga este salto temporal e inserte en El Marinero, una obra de 1913, un fragmento del Libro del desasosiego, el 262 en la edición de Acantilado, escrito en 1931. En este fragmento hay una voz más angustiada frente a la vida, al movimiento y al no-ser que la que tenemos en El Marinero, que simplemente pone en evidencia el absurdo.

Matacandelas, con todos los matices que despliega en su montaje, nos enfrenta claramente a las problemáticas de la interpretación tanto escénica como crítica, frente a las cuales no podemos establecer un paradigma absoluto. ¿Qué criterio debemos tomar al enfrentarnos a una obra?, ¿la biografía del autor?, ¿la cronología de las obras?, ¿el texto aislado? La pregunta queda abierta.

  1. Esta cita ha sido extraída del folleto entregado antes de la función, folleto titulado “O marinheiro, por el teatro Matacandelas”, por Cristóbal Peláez.

  2. “(…) busca reforzar la experiencia onírica, acentuando  el doloroso trance de la duermevela”.

  3. Según Jerónimo Pizarro, especialista en la obra de Pessoa, aunque sí es pertinente ver el tema del espiritismo en relación con esta obra, ya que por la época en la que fue escrita Pessoa ingresa en ese mundo, es necesario también matizar un poco la imagen “pesada” y “oscura” que tienen las actrices de Pessoa, teniendo en cuenta que es un escritor capaz de distanciarse de su producción y de sí mismo, como lo pone en evidencia el uso de heterónimos y de trabajar, también, en otros proyectos de un corte distinto. Todo esto en aras de la recuperación de la fuerza expresiva de las palabras.