Fotografía de mi ausencia

Por Richard Jaimes

REC 10

¡Silencio! ¡Silencio! ¡Silencio!

Los niños lloran en las esquinas

y los viejos sus penas arrastran por la avenidas,

pisos boca abajo reflejan cielos de cemento sucio,

y una lluvia desbocada

vierte todo su fuego en la puerta de la iglesia,

hombre incinerado, habitante de mi sueño,

cementerio de nombres repetidos

en los arrabales del silencio.

¡Euforia! ¡Euforia! ¡Euforia!

Fastuosos jardines de cabello blanco

adornan el susurro de la carne,

el acierto de los puños

y la patria impuesta por azar;

el pie sin zapato, la sonrisa hipócrita

y el cuerpo despojado de las últimas ropas

ahondan en su canto con el místico frío;

en la tarde fatal un café caliente

tranquiliza la furia de los sentimientos perdidos.

¡Silencio! ¡Silencio! ¡Silencio!

Los caminos son llanos en la muerte

de cada despertar al insensible rumor de los motores,

buses de colores asesinos por las autopistas del misterio

hacen guiños al semáforo sin luz

en el terrible vendaval de mediodía,

calla el alma tempestuosa tras la ventana rota

y la esperanza es el sonido de las pesadillas urbanas.

¡Cobarde! ¡Cobarde! ¡Cobarde!

Ningún corazón deja ser al hombre humano,

huracán o sangre es la boca del viento

donde no quedan guaridas advertidas

en el abrir espontáneo de sus pétalos quemados;

la fotografía de mi ausencia se tiñe de color carne

y después de la nada,

resulta frívolo el amor en las calles.

¡Euforia! ¡Euforia! ¡Euforia!

Ciegas las manos prisioneras

solas navegan día a día

por las carreteras de la infamia.

Todo desnudo arde en la ciudad

cuando en la plaza hecha de piedra

inmóviles palomas vomitan su libertad

y en los barrios sin cuerpo definido

se dejan de oír los gritos infantiles

y se niega en secreto el amargo sabor

de la riquísima cerveza.

¡Silencio! ¡Silencio! ¡Silencio!

¡Cierra la boca placer!

¡Duérmete en el sexo de la soledad!

¡Abandona mi alma, ciudad!

¡Euforia! ¡Euforia! ¡Euforia!