El problema del hacer

Por María Paula Maldonado

REC 2 Ensayos

El objetivo: crear una obra. El problema: puede ser cualquier cosa. La pregunta: ¿Puede haber algo más angustiante que elegir una idea, un concepto, un material, un soporte, un color, un lugar, una actitud, un sonido, un tamaño, etc. que se convertirán en una obra que va a terminar representando no sólo lo que uno quiere o piensa, sino lo que uno “es” como “creador”?

Sólo lo que implica insoportable dolor o muerte puede superar esta angustia. Incluso cuando la enorme libertad en la que uno se encuentre en el momento de cualquier elección haga posible que uno se sienta invencible y todo poderoso, no he sentido mayor agradecimiento hacia el universo que cuando por medio de algún tipo de iluminación se elige una opción en particular.

Esta libertad proviene nada más y nada menos que del ¡todo vale! En todas las artes todo cabe y todo es válido. No sólo podemos hacer lo que queramos, sobre lo queramos, sino también con lo que queramos. Pero a la hora de hacer “algo” lo más seguro es que no sepamos qué, o mejor dicho que sepamos tantos “qués” que en muchas ocasiones se vuelve casi imposible elegir.

Esto fue lo que pasó: tenía que hacer una entrega y no tenía ni idea de qué hacer ni por dónde empezar. Tenía varias ideas en la cabeza y quería que, como con una ruleta, sólo una fuera escogida. Quería encontrar un método que hiciera más fácil esta elección.

Comencé viendo varias imágenes e intenté leer algunos textos, pero terminé con más ideas y con menos decisiones tomadas.

Cogí un diccionario con la esperanza de que una palabra señalada al azar fuera el punto de partida de lo que terminaría siendo la entrega, pero estas esperanzas se desbarataron cuando la palabra de arriba me gustaba más que la que había escogido, y me gustaba aún más la palabra que vi de reojo en la otra página. Así seguí con numerosas palabras hasta que decidí probar con otro método. Ni ver televisión, ni ver imágenes en revistas ayudaba a concretar nada.

Recordé una página llena de conferencias de diferentes temas, y pensé que si no conseguía una solución, al menos iba a ver algo interesante. Luego de entrar a Ted.com leí en un cuadrado muy pequeño el título The paradox of choice 1. Inmediatamente, y sin dejarme de sorprender por la coincidencia me encontré viendo la conferencia de un psicólogo norteamericano llamado Barry Schwartz.Oscilando entre los sesenta años, con un aspecto divertido; tenis, medias blancas, una pantaloneta gris, una camiseta roja desteñida y unas gafas redondas en la punta de la nariz, Schwartz hablaba acerca del problema que representa para la libertad tener una gran cantidad de opciones. Luego de exponer su asombro ante los 175 tipos de aderezos que ofrece un supermercado, las 285 variedades de galletas, de los incontables modelos de celulares, entre otros ejemplos, llega a decir que la vida se tornó en nada más y nada menos, que una cuestión de elección. Y lo es así, pues todo el tiempo tenemos que escoger para todo.

Luego de comentar la falta de necesidad que implica señalar los beneficios que conlleva la libertad, ya que supone que todos los sabemos, Schwartz pasa a centrarse únicamente en los aspectos negativos que la libertan en tales proporciones produce en todos nosotros. Son los siguientes:

Paradójicamente esta libertad produce parálisis, en vez de liberación. Con tantas opciones las personas encuentran muy difícil escoger —en absoluto. Principalmente porque uno quiere escoger la decisión correcta.

Incluso si se logra superar la parálisis, terminamos menos satisfechos con nuestra elección, comparado con el caso en el que existiesen menos posibilidades. Esto es así por las siguientes razones: En primer lugar porque si la elección no es perfecta, es muy fácil imaginar que uno pudo elegir algo mejor. Imaginar estas alternativas induce a arrepentirse de la decisión tomada incluso si ésta era buena. En segundo lugar, por lo que los economistas llaman “costos de oportunidad”. Es decir que cuando uno elige una cosa, uno no está eligiendo otras, y esas otras se mostrarán en igual o en mayor medida atractivas, por lo tanto, la elegida perderá su encanto. Y en tercer lugar, por lo que Schwartz llama “la escalada de expectativas”. En este caso las expectativas incrementan en tanto mayor la cantidad de opciones hay, lo cual hace que sea más difícil alcanzarlas. Esto producirá menor satisfacción con los resultados, incluso si estos son buenos.

Si volvemos a la entrega y al problema al que nos enfrentamos en el momento de hacer algo frente al ¡todo vale! Nos daremos cuenta que es cualquier cosa, menos un problema fácil de enfrentar.

Este ¡todo vale! No es más que millones y millones de opiniones, creencias e interpretaciones que se traducen finalmente en una pura y llana fe, tanto en el momento de introducir como en el momento de validar un objeto, un momento o un hecho como artístico. Razón por la cual este ¡todo vale! No es más que una ficción compuesta de ficciones, llena y a la vez vacía de categorías.

Al ser de este modo, ¿por qué seguir creando ficciones?

En primer lugar, porque la ficción de las artes es la máxima expresión de la ficción de la cultura. Porque se sustenta en los valores simbólicos inducidos y no en los valores intrínsecos, si es que estos existen. Y, porque dentro de su lógica, existen como tal en tanto parten de consensos, de pactos, de intercambios, de juicios valorativos y de jerarquías, permanentemente vulnerables al cambio.

En segundo lugar, porque habla acerca de nosotros. Por el mismo hecho de ser expresiones culturales, son en toda medida ficciones antropocéntricas. Y así es no sólo cuando se desbordan los sentimientos o cuando se relatan sucesos humanos, sino cuando existe una relación con cualquier objeto o fenómeno material o inmaterial al que se quiera hacer alusión, ya que son al mismo tiempo punto de partida y finalidad de las posibilidades y las limitaciones de los sentidos, del conocimiento y de la imaginación humana.

En tercer lugar, puesto que el lenguaje que utilizan las ficciones artísticas se aleja del lenguaje por medio del cual nos comunicamos, lenguaje que tiene, una relación de uno a uno con el mundo, una palabra para cada cosa nombrada, un significante y un significado. Al no tratar de ser el equivalente a una sola cosa o situación, el lenguaje que utilizan las artes permite abarcar un mayor espectro de significados, de relaciones y de posibilidades de vivencias, sensaciones, emociones, percepciones, pensamientos y conocimientos. Es por esta razón por la que debemos ser más que precavidos al momento de dar interpretaciones forzadas e innecesarias sobre las obras de arte, ya que terminan imponiéndole a la obra un lenguaje restringido (de uno a uno) que limita su espectro de posibilidades y por lo tanto limitando a la obra misma 2.

Y, en cuarto lugar, porque lo amamos, o como dice el crítico de arte Dave Hickey, porque hacer y hablar sobre arte es simplemente demasiado divertido 3.

Pero vuelvo a mi problema: ¿Qué hacer ante el ¡todo vale!?

En su conferencia, Schwartz propone que limitemos las opciones, pero nunca sugiere una manera para restringirlas, y la verdad yo tampoco soy capaz de encontrarla. Aun así, me atreveré a proponer una posible solución: hacer sin tantas pretensiones.

Por hacer, no me refiero únicamente a producir una obra, también me refiero a mirar, a leer, a escribir, a escuchar, y demás sin tantas pretensiones. Y por pretensiones no me refiero a dejar de hacer lo que sea que hagamos de la mejor manera posible, sino que al hacer demos más cabida a los errores, a lo inesperado, a lo que nunca hemos hecho y a lo que queremos pero que no nos sentimos capaces de hacer. Incluso, a lo que queremos hacer por capricho y a lo que en un principio difícilmente le hallamos sentido.

Debemos hacerlo por varios motivos. Primero, porque como estudiantes no podemos asumir que todo lo que hagamos va a salir a la perfección y tal como lo esperamos, pues lo más posible es que esto nunca suceda, incluso cuando dejemos de ser estudiantes,en segundo lugar, porque es haciendo, tanto bien como mal, que nos daremos cuenta qué es lo que nos interesa y más aun qué es lo que funciona para cada quién (creo que aunque ¡todo vale!, No todo es igualmente significativo, ni atrayente, ni bien realizado). Y por UUUUUUUltimo, porque todo significa o implica algo, y lo que debemos hacer es preocuparnos porque ese algo tenga el mayor impacto en quien lo vea, y eso sólo se alcanza haciendo y pensando acerca de lo que se hace.

Ahora no es tan difícil escoger una palabra al azar, o una imagen, o un texto, o una canción, sin pensar que otra puede ser mejor. Ni empezar con una mancha o con cualquier idea. Las oportunidades de hacer otras cosas no deben acabarse por escoger en un momento una sola.

  1.  Barry Schwartz: The paradox of choice. Conferencia Julio de 2005. www.ted.com (link)

  2. Susan Sontag “Against interpretation”. Dell Publishing co. United Estates of America, New York. 1961. 1970

  3. Dave Hickey “Frivolity and Unction” 1996. “Making and selling and talking about art is simply too much fun and too much work…”