De cómo picaban a las obras picassianas

Por Laura Moreno

REC 8

Picaban los picaflores los enormes tallos rectangulares de las flores que Picasso nunca pintó. Esas flores picarescas de colores púrpuras que a veces parecen plateadas al sol; y que nadie nunca vio, y si las hubieran visto, éstas hubieran sido estropeadas por ser visitadas, porque visitar es picar. Y mis pobres visita-flores no podrían ver la belleza de lo pétalos picassianos nunca pintados.

Durante el pic-nic mis pica-tallos no sólo picaban estas plantitas, sino que picaban el hueso de una cabra, más bien de un cordero con cuernos. Picaban moldeando, casi esculpiendo con pica y pincel unas enormes figuras triangulares y cuadradas de un cráneo. Era difícil de creer, pero las picazas y picaportes se empeñaban en ayudar a la trabajosa tarea de no interrumpir a mis pobres pica-cráneos que cuidaban a sus pichones de los piches con amarillas armaduras cuadradas casi evocando la perdida memoria cubista.

Por la noche, los lugareños bailan al son surrealista de una hoguera prendida por algunos lienzos picados por mis pica-lienzos, especialmente los que tenían matitas púrpuras. Allí se queman y salpican pucheros y llantos de las pinturas picantes de Picasso, esas que él nunca supo que fueron quemadas, ni picadas, ni mucho menos pintadas; por lo que fueron olvidadas por el mundo artístico pero extrañadas por mis pica-cráneos picaflorescos que picaban con sus picos los pétalos quemados y olvidados por la hoguera del pasado.