Crónica de Ángela

Por Johana Andrea Martínez

REC 10 Cuentos

¡Ya, pude! —Alcanzó a decir dos segundos antes vomitar.

Ángela estaba cansada; se le notaba en sus ojos apagados, en la palidez de su rostro y en su figura cada día más delgada. —Tengo sueño, pero no puedo dormir ¡no puedo! —. Le decía a Sandra, su amiga de siempre, de toda la vida, y la dueña del apartamento en donde se ha quedado ya por unos días. Desde los 11 años se conocen, ahora Sandra ya tiene dos hijas y es divorciada. Ángela no. Ángela nunca tuvo hijos, nunca se casó, nunca tuvo algo que la amarrara a ningún lugar;siempre quiso irse.

Eran las 11:13 de la noche y ella debía escribir, sí, escribir hasta que se cansara y terminara durmiendo encima del escritorio como le suele suceder. Escribir, sí, escribir el proyecto de metodología para que por fin se gradúe en licenciatura de lenguas. Sí, escribir el proyecto que nunca escribió, y sí, el mismo que la hizo atrasar un semestre por no entregarlo a tiempo, pero que faltando ahora 2 días para su entrega final aún no termina.

  • ¿Cansada? Yo le tengo un polvito que la puede despertar —dice Sandra.

Y respondiendo a carcajadas, dice—: ¡Qué benditas mañas las suyas!

Sandra hablaba de un polvito, sí, pero un polvito purpura, de olor a uva, que está envasado en un tarro chato. Neurocore de Muscletech, se llamaba. Contenido: 3200mg de Beta-alanina, 3000mg de L-citrulina, 3000mg de clorhidrato de creatina y Geranium Robertianum. Y, en su envoltura: Neurocore de Muscletech para ofrecer un entrenamiento superior.

  • Cuando estaba en el Gimnasio —cuenta Sandra— una señora que atendía la recepción me dijo—: Yo era así como usted, me pasaba de máquina en máquina. Mire, tómese una cucharadita de eso (señalando en una vitrina el Neurocore) en un vaso de agua al clima;y haga toda la rutina… —se queda pensando— ¿Cierto que usted está muy flaca, loca? ¡No, flaca no! ¡Acabada!

Ángela “la loca o loquita” como le dice de cariño, ríe, dice: “¡Hola, respete!

  • Ahora no vaya a empezar a decir: Ay, dios mío, me voy a morir.-

  • Es por la droga. ¡Esa droga me tiene mal!-

Y como si se hubiesen acordado, al mismo tiempo, de sus andanzas de jóvenes, sueltan una mirada que sólo pretende ser entendida por ellas. Se miran, se ríen, y vuelven a tomar una expresión más seria;no aguantan y vuelven a reírse. Ángela golpea a Sandra, le da un puño en el brazo, de eso que uno da jugando.

¡Ay! Pero va a ver, esta me la cobro porque me la cobro.-

* * *

¿Se acuerda de Mary? —pregunta Sandra.

Ángela le responde asintiendo con la cabeza; no le da mucha importancia. —Pues, cuando estuvimos en México —continúa— y nos caímos, (bueno, yo no, sino ella), la metieron a una de las penitenciarías de DF;y allá se enfermó del estomagó por la comida picante que daban, ¡Es que hasta a la fruta le echan picante! Pues bien, Mary iba a la enfermería, pero lo único que le daban era algo así como acetaminofén. Siguió enferma, y la enfermera de la cárcel tuvo que mandar a pedir unos medicamentos para ella. Entonces todos los días Mary le preguntaba al guardaque la custodiaba por la droga.

¿Cuál droga, colombina? ¿Cuál? —

Pues la mía, la que me van a traer. La del encargo

Vamos a ver si para donde va le va a llegar su encarguito

Y la encerraron en un calabozo. Cuando la dejaron salir, al siguiente día, volvió a preguntar por la droga

¿Otra vez con eso? Dijo otra guardia

No, no, la medicina, la medicina, quiero decir. Que si ya llegó la medicina

* * *

Ángela está tomando Nifuroxazida. Sólo debe tomar una pastilla diaria durante 9 días. En estos últimos 9 días le salieron ronchas, le dio mareo, vómito y mucho, mucho sueño, pero esto último en ella es casi normal.

Los gusanos me tienen activa, como en ese capítulo de Futurama, a ese que tiene el pelo naranja, le crece todo un reino en el estómago. ¡Tengo toda una construcción dentro!

  • Sí, pero mal hecha — ríe.

  • Ja ja ja, tan chistosa. Por lo menos hoy fue la última, la última pepita.

* * *

A finales de los años ochenta acabó el bachillerato, pero sus padres nunca la apoyaron para seguir estudiando. Por tres años llenó media ciudad con hojas de vida: le decían que no la aceptaban sin experiencia, pero nadie le daba la oportunidad para empezar a tenerla.

  • No había chance de trabajo, dice. De hecho en un formulario para ingresar a trabajar a Colsubsidio escribió: Yo quiero ser narcotraficante porque esa es la única forma de salir adelante en este país. Nunca la llamaron, pero tampoco tenía ganas de que la fueran a llamar.

En su barrio natal, Las cruces en Bogotá, conoció a William Ramírez. Él era ladrón, se las ingeniaba para abrir los carros en cualquier parqueadero, tomaba los radios y todo lo que hubiese dentro. No le bastó más sino pitarle a una muchacha de piernas largas para que ésta se subiera a su carro. Así se conocieron, se hicieron amigos y empezaron a ‘trabajar’ juntos.

Luego William le presentaría a Jair. Jair había llegado de Estados Unidos, le había ido muy bien:llegó con mucha plata,robó unas casas en los suburbios en Nueva York y se devolvió a Colombia. Después, Jair le presentaría a Lucía, su hermana, y ella a su vez,le presentaría a Ulises,“el taxista”.

Todos sabían que yo me quería ir. Maldecía el país. Y conseguí el sueño americano, llegué, sí… pero a la cárcelY ríe.

  • ¿Usted se quiere ir de verdad?

  • Sí, eso es lo que yo quiero

  • Pero usted sabe a lo que va

  • A mi no me importa, con tal de salir de este moridero hago lo que sea

* * *

En la mañana empezó el entrenamiento. Si no lo pasaba, no podían comprar los pasajes. Se cuenta con, máximo, dos días para lograrlo. Un día más significaba pérdida de tiempo, de plata, de paciencia, pero sobre todo la pérdida del contacto en Alemania.Perdían a Gladis si esta vez no lo lograban, y perder a Gladis significaba perder al promotor de ‘la vuelta’;significaba un cambio de chica.

  • Rápido. A ver, china, tómese esto con agua. Es como pasarse una uva —dijo Gloria, la esposa de Ulises.

Estaban en Chapinero, en el apartamento de Ulises y Gloria. Allá le presentaron a Javier,un tipo alto que vestía con ropa de marca directamente traída de Estados Unidos, un lujo. Se ganaba la plata haciendo caletas para esconder droga. Esta vez su tarea era esconder 200gr de cocaína en unos zapatos que Ángela debía tener puestos y un balaca que debía llevaba sobre el cabello. Ese chino hasta en un CD podía meter droga, no sé cómo, pero lo hacía — decían.

Intentaron con todo: con gaseosa, agua, leche, aceite. Nada funcionaba. No iban ni por la primera, y eran siete.

  • ¡Ya, pude! —Alcanzó a decir dos segundos antes de vomitar.

  • No, esta china no sirve —dijo Ulises.

  • Espere, dele tiempo —le respondió Gloria.

Ya caía la tarde, parecía un día perdido. La visa, los papeles y la maleta estaban listos: faltaba ella. Si querían que partiera al siguiente día debían dejar todo hecho esa noche. Si no lo hacían, se arriesgaban a no poder comprar los tiquetes a tiempo. Pero una idea de Javier podría dar resultado: En la ropa interior. ¿Qué más que eso?

Y así lo hicieron. En la noche, ya se habían ingeniado una forma para guardar 800gr. de coca en unas bragas y 400 gr. a cada lado, entre el muslo y el pubis; iban cubiertos de un papel aluminio y no era detectado por las máquinas láser de los aeropuertos.

Decidieron enviarla a Alemania, con el pretexto de ir a visitar a un abuelo viviendo en aquel país; Ángela se iba de visita, de vacaciones. Pero con el verdadero pretexto de que si, por una u otra razón se caía, no le iban a condenar por tanto tiempo.

  • Resulta que en Alemania les daban más suave a las mujeres, por eso me iban a enviar allá, porque si me cogían no me iba tan mal —dice.

En la embajada le otorgaron la visa por nueve meses.

A las nueve de la mañana Frank, Javier y Ángela llegaron al aeropuerto El Dorado; Frank resultó ser un matón: estaba ahí por si las cosas salían mal. Ellos cargaban las maletas, y Ángela sólo tenía que sonreír, estar tranquila, o por lo menos, tranquilizarse. Pero los nervios la hacían sudar; se le mojaban la blusa, la balaca, las bragas. Así que tuvo que ir al baño por lo menos cuatro veces allí, y sacaba varias tiras de papel para secarse el sudor del cuerpo.

Mientras esperaban el llamado para abordar el avión, Ángela era la consentida: todo lo que pidiera lo tenía en seguida (pues no podían dejar que se echara para atrás). Encontraron un salón de belleza y la enviaron a arreglarse las uñas y a cepillarse el cabello. Estaba vestida con pantalón de bota ancha, tacones y un blazer negro, y en su cabeza llevaba una linda balaca plateada con una flor al lado.

Salieron del salón. Frank hacía llamadas, reportaba la situación a Gloria y a Ulises. Mientras hacían la fila, Ángela recordó que le había hecho falta un cepillo de dientes y crema dental. Los muchachos corrieron en seguida; la fila avanzó. Mientras ellos buscaban una droguería o algo parecido, Ángela ya estaba llegando a la aerolínea. Le pidieron el tiquete:

¡El avión está por salir, van a cerrar la puerta! Vaya corriendo. — les dijo.
La mujer que la atendió descolgó el teléfono y avisó: — Falta un almuerzo, hay una pasajera por fuera. No recojan las escaleras aún—
. Ángela entregó el tiquete; Frank y Javier no llegaban.

La llegada tarde la favoreció para que no tuvieran tiempo para esculcarla. En la primera puerta, le revisaron su equipaje de mano. La mujer que la requisó tenía las uñas lo bastante largas como para sentir cualquier bulto. Le pasó la mano por los brazos, las piernas;nada. Pasó por la máquina láser, y al lado de los perros que confundían el anti-perro con el olor a incienso;nada. La segunda mujer dudó en revisarla, pero lo hizo. La tomó por lo hombros y luego le dio palmadas a los costados de las piernas;nada. Pasó los filtros: primera parte coronada.

Frank llamó a Ulises, le contó que no encontraban a Ángela.

  • Esa vieja se abrió con la droga y con los mil dólares, Ulises

  • Si al cabo de esta tarde esa china no aparece, agarramos a la mamá— respondió.

Ángela hizo escala en Venezuela. Pidió agua. Le faltaban nueve horas de viaje. Nueve largas horas con mil gramos de cocaína encima. Volvió a ir al baño por tres veces. Lo que nadie sabía es que Omar, el esposo de Gladis, iba en el mismo avión. Vigilaba todo. Vigilaba a Ángela, la olía cada vez que se levantaba o volvía del baño;estaba allí para estar al tanto. Pararon en París para hacer trasbordo, quedaba media hora de viaje. Ya casi.

Mientras esperaba en la sala para abordar el otro avión, una colombiana y su hija empezaron a hacerle conversación. Le contó que llevaba unas panelas para su esposo que era alemán, y que le gustaba mucho tomar chocolate con panela, pero que se las habían quitado en el aeropuerto

  • ¡Como si uno llevara quién sabe qué! le decía la mujer, quien nunca hubiese creído con quién había estado hablando en esa sala.

Gladis le había advertido: Usted llega al Aeropuerto de Hamburgo y cuando alguien le toque el hombro y le diga ¿Angie? con esa persona se va, y listo.

Esa persona era Omar. Pero él, a pesar de estar limpio, fue detenido al bajarse del avión. Lo requisaron y se lo llevaron a un hospital para hacerle unos exámenes y darle un purgante. Lo único que decía, lo único que sabía decir, y en inglés, era: “Me tourist, me tourist!”. Se lo llevaron por la pinta, por la cara, pero, sobre todo, por el bigote.

Si llega a pasar algo —continuó Gladis— llame a este número,. Ahí le van a dar una dirección de un hotel y el número de la habitación

Esperó por una hora:nadie la recogió,nadie la tomó del hombro,nadie le preguntó por su nombre. Buscó un teléfono público y llamó. Tomó un taxi, se defendió con el poco inglés que sabía. Llegó al hotel: segunda y última parte coronada.

Cuando Ángela timbró a la habitación, sin ser avisada en recepción (se había colado, como en casi todo), Gladis abrió la puerta con el teléfono entre el hombro y su oreja y una agenda de cuentas en sus manos. — ¡Gracias a Dios! Apareció, Ulises, por fin apareció. —Tapó la bocina y preguntó— ¿Y Omar, dónde está?

Estuvo por quince días en Alemania y se devolvió. Angie, Ángela, la loca, había abierto la vía para que muchas otras se fueran por la misma ruta, para que coronaran o se cayeran en el intento. Era 1995, ese fue su primer viaje.

* * *

Ángela toma el energizante púrpura en sus manos, lo sacude, y lo hace sonar, mientras a ella le da uno de sus tics. Toda persona que la conoce bien, se pregunta si en verdad son nerviosos o si son puras mañas de ella. Ese tic la hace ser el centro de todas las miradas. Cuando lo hace se contrae (lleva los brazos y su cabeza al cuerpo), hace como si hubiese estornudado pero hacia adentro; y suena, sí, tiene su propia música de fondo, porque silba haciendo como un pajarito. Y por eso es que no puede jugar a las escondidas, porque termina delatándose sola. Y ahora que va a ser profesora y está en prácticas, los niños se la andan preguntando: ¿De qué estará enferma la teacher? Ay, pobrecita.

  • Esto está hecho a base de coca, a mí no me engañen. Por eso es que toda esa gente con perico dura jartando dos o tres días y no siente nada

  • ¡Ay, que no! No vaya a empezar —grita Sandra desde la cocina.

  • ¡Que sí! Esto y el Red Bull son lo mismo—.