Alguien vendrá

Por Jefferson Alfonso Mejía Buitrago

REC 10 Poesía

Señor, tengo veinte años. También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada”.
Alejandra Pizarnik.


“Supongamos señor, que los hot-dogs son tema de tu predilección

Que tu deseo de mí es parte obscena de tu personalidad”.
Miyó Vestrini.

Señor,
tanto dice tu silencio,
tanto ignora mi mirada.

Todo lo que soy es lo que no ha podido tu palabra.

Colócate en mis zapatos,
ponte en mis
jeans, te presto mi mirada.

Yo quisiera creer
ciegamente,
como los enamorados:
cosidos los ojos, desnuda el alma.

Señor, temblor de manos y de labios,
y de los otros su temblor en mi alma.

Sed que no cesa,
como si de arena fuera mi garganta.

Pero es tanto lo que quiero decir,
tanto lo que quiero hacer;
pero no me bastan, señor,
no me bastan ni mi boca ni mi piel,
ni mis nervios tan nerviosos,
ni estos ojos míos,
como pozos infinitos,
siempre tan lluviosos,
no me bastan, me sobran:
de mi ser esta sed,
de mi vida tanta vida,
no me basta,
tanta herida que no se olvida.
Señor, ni este triste, hermoso mundo.

Tanto dice tu silencio.
Tanto ignora mi mirada.

Señor, tengo veinte años;
también mis ojos tienen veinte años y,
sin embargo, no dicen nada.
Mi vida es migaja cósmica en tu nada universal.

Yo no soy un hombre: apenas un pájaro,
un gusto adquirido, un gong de cristal.

Y afuera de ti, estamos todos:
nosotros, los asmáticos espirituales,
los bastardos, los huérfanos, los hambrientos, los sedientos;

los desaparecidos y perdidos, los rechazados y heridos.


Táchanos de tajo, te lo pido.
Por lo menos a mí, que me aburro y me muero y me excito tanto
de febrero a enero, domingos a domingos,
en las calles, en la barra, en la terraza cuando los buitres cantan,
cuando el cielo es azul como de tres de la tarde y todos ríen
o una mariposa negra irrumpe en medio de un pasillo
y a todos de un grito espanta.

O miénteme (porque si vas a actuar de mujer
hazlo correctamente), mátame de golpe.
Para emputar a los que conocí,
porque no quiero molestarlos más.
A los demás. A nadie.

Tanto dice tu silencio.

Tanto ignora mi mirada.


También están mi madre y mi hermana,
que
amo y odio y vuelvo a amar
y a odiar;
todas las muchachitas
con las que compartiré un gemido,
un suspiro,
esta sed y
una almohada.

Supongamos, señor, que los hot-dogs son tema de tu predilección,
que tu deseo de mí es parte obscena de tu personalidad.
Toma entonces el cuerpo de la mujer
de mis deseos menos variables,
mi
femme fatalle,
y déjame invitarte.

Despiértate conmigo:
fumaremos juntos la mañana que despunta
después de haber bebido el río Bravo en cervezas
la noche anterior, y
cantado aquella canción
que nadie sino los borrachos
inconsolables
cantan,
con lágrimas y mocos en la cara,
poco antes de hacer el amor
esa misma mañana,
sin fuerzas en los huesos
pero con ganas en las ganas,
y verás junto a mí
la tristeza que significa sentir
que la noche no llega y las horas pasan.
Porque pasan, te lo juro; pasan.

Dame, señor, el descanso eterno y

te prometo no cagarme de la risa.
O concédeme, por el tiempo que sigo vivo,
una memoria fresca, rencorosa,
como la que mi pueblo
jamás tuvo ni tendrá nunca.
Porque necesito recordar, necesito existir,
aquí, donde la patria es memoria
y mi memoria es de palomas en la plaza.

Algo que me revele algo.

Una rata asomada desde una alcantarilla
que me guiña un ojo para decirme que
alguien vendrá.

Una mujer, un golpe, una sed saciada,
una moneda, una palabra.

Tanto callas, silencio.
Tanto ignoras, mirada.

  • Mico Descalabrado

    Versos mágicos que iluminan este eclipse que es mi corazón.

  • Maria Camila Estrada

    “Dame, señor, el descanso eterno y te prometo no cagarme de la risa”. Contundente.