Como los chinos*

Por Daniel Ávila

REC 3 Ensayos

*Con chinos me refiero a los habitantes del oriente de Asia, que todos los colombianos reconocemos como chinos sin importar su nacionalidad.

Se puede reconocer la procedencia de un turista a partir de su cámara y de lo que fotografía. Ningún espacio es tan propicio para éste reconocimiento regional como el museo de arte.

Los gringos por ejemplo, creen que están en una sesión de fotos permanente para la revista Vogue. Se toman la foto al lado de un Pollock haciendo su mejor pose que incluye la cara sexy/misteriosa. Esa foto que al final termina en Facebook con un Pollock borroso y casi oculto en su totalidad por la grandeza del modelo. El Latino en cambio, usualmente hace gala de su finísimo humor, esa malicia indígena que tanto lo enorgullece, y toma la foto para mostrarles a sus amigos como le sacó los mocos a la mona lisa y se electrocutó con un tubo de Dan Flavin.

Pero el oriental… ese es distinto a todos. Uno reconoce a los habitantes del oriente de Asia no por su color o sus idiomas, sino porque cada uno tiene una cámara mas pequeña que el otro. Hordas de chinos, japoneses o coreanos se derraman sobre las obras. No posan, no se ríen, no comentan. Nada. Disparan repetidamente y con intensidad hacia las obras. Encuadran la pieza de arte dentro de sus diminutas cámaras del mismo modo que aparece en una enciclopedia.

En el museo metropolitano de Nueva York, La Pequeña Bailarina de 14 Años de Degas, queda completamente sumergida en un mar de chinos que quieren consumirla en su totalidad. Sí la captura de la cámara fotográfica fuera tangible, la sala de la bailarina sería impenetrable. Deben existir millones de fotos de la escultura de Degas en los computadores de los visitantes al museo. Fotos que casi nunca se imprimen y rara vez se revisan. Hay placer en el acto de retener la imagen, mas no en el acto de ver la imagen retenida.

Debe ser incalculable la cantidad de fotografías de la bailarina, considerando que hay 7 de ellas alrededor del mundo, y a pesar que no son idénticas, todas transpiran ese halo de originalidad que provoca a los visitantes. Todos quieren documentar el hecho que vieron a la bailarina de verdad.

Ver la obra en vivo no parece ser suficiente. Mucha gente va a un concierto y compra suvenires del cantante o de la gira. En el arte existen obras rockstar que generan todo tipo de mercancías. La Bailarina de Degas es una diva en la tienda del museo metropolitano de Nueva York. Hay calendarios, camisetas, velas, cajas de música, y replicas a escala para la mesa de noche o para usar como pisa papel en el escritorio.

En Medellín hay una de esas estatuitas sobre el escritorio de José Antonio Suarez Londoño. El dibujante antioqueño dice que no ha dibujado tanto esa muñeca. “Mis dibujos de la bailarina, que se muestran casi siempre, están hechos dentro de los museos”. Cuenta el artista que ha visto casi todas las replicas de la obra de Degas y que no puede evitar ir a Nueva York y dibujar a la bailarina. “Mientras mi mamá y mi hermano se van de compras y a restaurantes, yo me quedo en el Met dibujándola. Me intriga mucho.”

He visto muchas veces los dibujos de la bailarina de Suarez en museos y galerías. Un desprevenido puede pensar que siempre se muestran los mismos trabajos, pero existen muchos ejercicios de dibujo de Suarez ante la obra de Degas.

Ninguno presenta cambios radicales, no hay puntos de vista estrafalarios ni libertades estrambóticas por parte del artista paisa al reproducir la escultura. Hablo de ejercicios porque así concibe Suarez los dibujos que hace de la bailarina.

La diferencia entre los chinos y sus camaritas, y José Antonio Suarez y sus libreticas, no es tan abismal como parece. Los románticos que consideren que la labor callada y meditativa del dibujo nunca podría compararse con el banal acto del one step photo con smile shutter, pueden cerrar esta revista y conservar su imagen de José Antonio Suarez como el ultimo gran monje del arte.

El concepto es el mismo. Ambos, los chinos y el paisa, buscan capturar la imagen. Se trabaja con lo que se tiene. Ninguno de los dos busca imágenes para la posteridad, ninguno de los dos las revisa con nostalgia. Lo que importa es el acto de disparar/dibujar, el momento frente a la pieza con el dispositivo de reproducción en la mano. La libreta de Suarez es una cámara con delay. Por éste motivo insiste con tanta intensidad en llamar a sus trabajos ejercicios. “Yo sólo quiero aprender a dibujar y por eso no hago más” dice el artista. Tal vez eso explique el motivo por el cual dibuja todo el tiempo, pues es una forma de aprender y a la vez de conocer el mundo.

Los chinos son iguales. Mientras el resto de los turistas miran, posan y disparan, los chinos disparan y miran casi simultáneamente (hay que aclarar que esta modalidad de mirada se está expandiendo a occidente). Conocen su entorno a partir de las reproducciones mostradas en sus aparatos. El visor de la realidad de Suarez es su libreta de dibujos y el de los chinos es la pantalla de sus cámaras, y recientemente también de sus celulares. No puedo negar el carácter maniqueo y simplista de la frase anterior. Espero encontrarle matices a esa compa- ración antes de que se acabe éste escrito.

De hecho, tengo dudas acerca del concepto de reproducción. ¿Se consideran reproducciones los dibujos de Suarez acerca de la bailarina de Degas a pesar ser una traducción a otro medio? Si la fotografía es considerada como reproducción ¿por qué el dibujo no? Especialmente cuando se trata de un dibujo que busca retratar cada elemento que se ve en el original. En este punto se empiezan a complicar las cosas. El lector puede percatarse de que hay cierta dificultad al referirse a las bailarinas de José Antonio Suarez basadas en la Pequeña Bailarina de 14 Años de Edgar Degas. La falta de titulo de los dibujos de Suarez entorpece aun más la situación. Además el panorama puede enredarse si se piensa que muchas de las replicas de la Bailarina de Degas son copias póstumas. Allí entonces uno podría referirse a La Bailarina de José Antonio Suarez basada en la replica póstuma de La Pequeña Bailarina de 14 Años de Edgar Degas. Podemos ir mas allá sí el dibujo lo hace basado en la muñeca que tiene en el escritorio. La Bailarina de José Antonio Suarez basada en la replica a escala de la replica póstuma de la Pequeña Bailarina de 14 Años de Edgar Degas. La falta de contexto en los dibujos de las bailarinas remite inmediatamente a las imágenes de los diccionarios Larousse y las enciclopedias, que a su vez son grabados1. Entonces la descripción sería: La Bailarina de José Antonio Suarez basada en los grabados del diccionario Laurrouse basados en la replica póstuma basada en la pequeña bailarina de 14 años por Edgar Degas.

Esto puede seguir infinitamente, y complicarse a un nivel inimaginable si se cita el artista que hace cada reproducción mencionada. Además, las descripciones pueden variar su orden. Puede pensarse en las bailarinas de Edgar Degas reproducidas por José Antonio Suarez.

¿A quien le pertenecen las bailarinas? El artista contesta a esto: las cosas no son de nadie. Yo no he hecho sino ver los grandes maestros, que a su vez ven otros grandes maestros. Además de eso se trata el dibujo. El dibujo es otra técnica de reproducción. Si, también es una forma de ver el mundo, pero en el sentido practico, es una forma de reproducir la realidad, como lo es el grabado, la escultura, la fotografía o la fotocopia.

Evidentemente debe haber una deformación en la reproducción. Como los Mickey Mouse de San Victorino con los ojos verdes y las narices pequeñas. ¿En qué punto el teléfono roto se rompe tanto que el mensaje se vuelve un original?

El juego de la reproducción de Suarez se intensifica cuando los dibujos se convierten en grabados y ya ni siquiera hay un único original.

Entonces ¿reproducción o producción? Es una discusión que puede no llegar a ninguna conclusión definitiva, pero sí puede generar muchas más preguntas. Por ejemplo ¿Qué pasa cuando el Mickey ‘chiviado’ se valoriza? Como las bailarinas de Suarez. ¿Por qué sus dibujos se valorizan y las millones de fotos de los chinos no? ¿Será una cosa exclusiva del medio? ¿Hay un valor en el talento? ¿La dificultad de la técnica del dibujo no se compara a la de la Lumix Anti Motion? ¿Por qué es más valioso, no sólo en términos de dinero sino en términos de aura, el dibujo de la muñeca que también hizo un chino? ¿Están comprando los años de dedicación y esfuerzo del paisa? La respuesta es si. A pesar de que algunos pregonen que el talento manual es caduco en el arte contemporáneo, es evidente que sigue siendo un criterio de evaluación en algunos casos. Además, aunque Suarez diga que son sólo ejercicios para aprender a dibujar y luego poder volverse pintor, es deducible que hay cierta noción del conflicto acerca de la reproducción que se mencionó anteriormente. Ósea que además del talento manual, existe un juego intelectual que muchas veces se opaca por el descreste que provoca el dibujo.

¿Suarez es como los chinos? En parte. Es cierto que dibu- ja en función del acto. Dibuja para ver y ve para dibujar del mismo modo como los chinos ven a través de sus cámaras. Aun así, a pesar de que se diga que los chinos son muy inteligentes, sus mentes no logran hacer relaciones y análisis en el milisegundo que les lleva a sus cámaras tomar la foto. Viendo un dibujo de un paisaje Suarez, me decía que al dibujar él descubría los detalles de la realidad, los entendía. Lo mismo pasaba cuando copiaba una imagen, al copiarla, la descifraba. Supongo que lo mismo pasa con la gente que toma fotos frenéticamente, descifran su realidad a partir de un dispositivo. El delay que le ofrece el dibujo a Suarez le permite descifrar y analizar, y es allí en donde se diferencia Suarez de sus antípodos. El extra tiempo le permite pensar en lo que ve y problematizar lo que reproduce, hasta el punto de hacernos dudar si reproduce o se apropia.

Al final de mi conversación con Suarez me contó algo que había leído en un texto de Orhan Pamuk. Decía que un grupo de musulmanes había logrado argumentar que hacer imágenes de la realidad no era pecado. Según la religión del Islam, está mal copiar la realidad, pues ésta sólo le pertenece a Dios. El grupo en su defensa concluyó que no había tal cosa, puesto que es imposible copiar la realidad y mirar al papel al mismo tiempo. La imagen de la realidad la captura la mente del dibujante, y éste dibuja lo que queda capturado en su mente. No hay copia de la realidad, sino de la percepción del artista, que quedó guardada en la cabeza por un milisegundo, como quedan las fotos en las smile shutters de los chinos. Siendo así, no hay reproducción, sino apropiación. Hay una versión propia de los hechos. Hay una Bailarina recompuesta. Cómo la versión reformulada del Mickey Mouse hecho en China.

  1. Jose Antonio Suarez confiesa que el Diccionario Laurrouse Ilustrado es una influencia fuerte en su trabajo. “Pues mi mamá tenía algunos libros de diseño en la casa, y un Larrouse precioso. No puedo negar la influencia de los graba- dos de diccionario.” Dice el artista.